Mitos sobre la terapia online: por qué la pantalla no frena la calidez ni la eficacia clínica

En los últimos años, la terapia online se ha convertido en una forma cada vez más habitual de recibir atención psicológica. Aun así, cuando una persona se plantea empezar a hacer este tipo de terapia pueden aparecer dudas: ¿será igual de eficaz?, ¿me sentiré cómoda hablando a través de una pantalla?, ¿se perderá la cercanía?

Es lógico preguntárselo. Seguimos asociando la terapia a una consulta, dos personas sentadas frente a frente y una conversación compartida en el mismo espacio. Pero encontrarnos a través de una pantalla no significa necesariamente perder lo esencial de una terapia. Por eso, en este artículo vamos a revisar algunos de los mitos más frecuentes sobre la terapia online y qué sabemos hoy sobre ellos.

¿La terapia online es menos eficaz que la terapia presencial?

Cuando hablamos de terapia online, conviene distinguir una sesión por videollamada de otros recursos digitales. En una videollamada, psicólogo/a y paciente se ven y hablan en tiempo real; no es lo mismo que usar una aplicación de salud mental, seguir un programa autoguiado, hablar por chat o intercambiar correos electrónicos.

¿Y funciona? Cuando se compara con la terapia presencial, la terapia online obtiene resultados muy parecidos (Meyer-Keirath et al., 2026). También se han encontrado buenos resultados en personas con depresión, ansiedad o el estrés postraumático (Matsumoto et al., 2021; Thomas et al., 2021).

Esto no quiere decir que ambos formatos sean idénticos ni que funcionen igual para todo el mundo. También hay que tener en cuenta aquello que se quiere trabajar, el tipo de intervención y, por supuesto, cómo se siente cada persona con el formato.

Por eso, quizá la pregunta no sea tanto «¿qué modalidad es mejor?», sino «¿qué formato encaja mejor conmigo y con lo que necesito ahora?».

¿Se puede crear un buen vínculo a través de una pantalla?

Una terapia necesita que la persona pueda sentirse escuchada, comprendida y respetada, especialmente cuando empieza a hablar de experiencias que no siempre son fáciles de compartir.

En psicología llamamos alianza terapéutica a ese vínculo que se va creando durante el proceso: poder confiar, sentir que estamos trabajando hacia unos objetivos compartidos y avanzar juntos en la terapia. Esta relación también es importante cuando la terapia se realiza online (Saxler et al., 2024).

Aquí aparece uno de los grandes mitos: pensar que para conectar de verdad es imprescindible compartir el mismo espacio físico. Sin embargo, lo que sabemos sobre la terapia online no indica que la pantalla impida crear ese vínculo. Y cuando se pregunta directamente a las personas cómo han vivido la terapia, suelen valorar de forma muy parecida la relación y el vínculo tanto presencialmente como por videollamada (Stefana et al., 2026).

Es decir, la pantalla cambia la forma de encontrarnos, pero no hace que la relación tenga que ser más distante.

¿La terapia online es más fría o impersonal?

La presencia de una pantalla puede hacer pensar que la conversación será más fría o artificial. Pero la calidez no depende únicamente de compartir un espacio físico. También se construye cuando sentimos que alguien nos escucha sin prisas, que podemos expresar una emoción sin sentirnos juzgados o que aquello que contamos está siendo realmente escuchado y tenido en cuenta.

Todo eso también puede ocurrir en una videollamada. De hecho, la empatía y el vínculo pueden vivirse de forma muy parecida en terapia presencial y online (Leuchtenberg et al., 2023; Stefana et al., 2026). Por eso, en terapia online también es importante que el profesional adapte su manera de comunicarse y cuide especialmente cómo se construye esa relación (de la Torre Martí & Pardo Cebrián, 2018).

Y, como ocurre con muchas cosas en terapia, no todas las personas lo viven igual. Algunas se sentirán más cómodas hablando desde un lugar conocido; otras preferirán salir de casa y acudir a una consulta. Ninguna opción es mejor por sí misma: lo importante es encontrar un formato en el que la persona pueda sentirse cómoda y segura.

¿En terapia online se pierde la comunicación no verbal?

Cuando hablamos con alguien no utilizamos únicamente palabras. El tono de voz, los silencios, las expresiones faciales, la postura o los gestos también nos dan información.

En este punto sí hay diferencias entre la terapia online y la presencial. La cámara limita lo que podemos ver y no ofrece exactamente la misma información que compartir el mismo espacio. Pero la comunicación no verbal no desaparece: seguimos viendo expresiones faciales y algunos gestos, escuchamos cambios en el tono de voz y podemos prestar atención a los silencios, al ritmo de la conversación o a cómo cambia la expresión de una persona cuando habla de determinados temas (Thomas et al., 2021).

A veces, en terapia online conviene poner en palabras cosas que en una consulta presencial pueden captarse más fácilmente. Por ejemplo, preguntar cómo está viviendo la persona un momento de la sesión, comprobar si hemos entendido bien una reacción o expresar de forma más directa que estamos comprendiendo lo que nos cuenta.

En la práctica, también ayuda cuidar detalles muy concretos: la posición de la cámara, el sonido, la iluminación, la privacidad y la ausencia de interrupciones. Son pequeños ajustes que ayudan a que la tecnología pase a un segundo plano y la conversación ocupe el primero (de la Torre Martí & Pardo Cebrián, 2018; Velarde Borjas & Ovalles Gomez, 2024).

¿Una terapia online es menos profesional?

Hacer una sesión desde casa no convierte la terapia en una charla informal. El profesional sigue teniendo las mismas responsabilidades: valorar adecuadamente la situación, plantear objetivos, cuidar la confidencialidad y saber cómo actuar si aparece una situación de riesgo. Además, para que una sesión online funcione conviene cuidar algunas condiciones básicas:

  • Poder hablar desde un espacio privado y tranquilo.
  • Tener una conexión estable y una calidad de sonido e imagen suficiente.
  • Utilizar una plataforma que cuide la privacidad de las sesiones.
  • Acordar qué hacer si la conexión falla o la sesión se interrumpe.
  • Contar con un plan claro ante una situación de riesgo o emergencia.

Trabajar online no implica ser menos riguroso ni menos profesional. Lo que cambia es la forma de organizar la sesión, que debe adaptarse para que siga siendo un espacio seguro, privado y útil para la persona.

¿Y si la terapia online no encaja conmigo?

Puede pasar. Hay situaciones en las que la atención presencial puede ser más adecuada o en las que conviene valorar con especial cuidado si la terapia online es una buena opción. Para decidir qué formato puede encajar mejor, es importante tener en cuenta qué se quiere trabajar, cómo está afectando a la persona lo que está viviendo, si existe alguna situación de crisis o riesgo y qué tipo de intervención puede necesitar. También depende de cómo se sienta la propia persona con el formato.

No se trata de que la terapia online sea mejor o peor, sino de que tenga sentido en ese momento y para lo que se necesita trabajar.

¿Qué ventajas puede tener la terapia online?

Además de ahorrar desplazamientos, la terapia online puede hacer más fácil pedir ayuda cuando acudir a una consulta resulta complicado. Puede ser especialmente útil cuando:

  • Vives lejos de la consulta o en una zona con pocos profesionales especializados.
  • Tienes dificultades para desplazarte.
  • Tus horarios laborales o familiares hacen difícil acudir presencialmente.
  • Viajas con frecuencia o cambias temporalmente de residencia.
  • Quieres mantener la continuidad de tu proceso terapéutico durante una estancia fuera de tu lugar habitual.

Para algunas personas, además, conectarse desde un lugar conocido hace que dar el primer paso resulte más sencillo. Para otras, acudir a consulta ayuda a separar mejor el tiempo de terapia de las obligaciones del día a día. De nuevo, no se trata de encontrar la modalidad perfecta, sino la que mejor encaja con cada situación.

La pantalla cambia el medio, no necesariamente la relación

La terapia no se construye solo por compartir un espacio físico. Se va construyendo poco a poco: en la confianza, en poder hablar de aquello que cuesta, en sentirse escuchado y comprendido y en el trabajo que se hace a lo largo del proceso.

Cuando el formato online encaja, la pantalla pasa a ser el medio desde el que nos encontramos. Al final, lo importante es que ese espacio, presencial u online, te permita sentirte cómodo, construir una relación de confianza y avanzar en aquello que necesitas.

Si estás pensando en empezar terapia y todavía no sabes si el formato online es para ti, una primera sesión te puede servir para resolver dudas y ver cómo te sientes con este formato. Aquí podrás reservar tu primera sesión.

Referencias bibliográficas

  • De la Torre Martí, M., & Pardo Cebrián, R. (2018). Guía para la intervención telepsicológica. Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Disponible en: https://web.copmadrid.org/docs/publicaciones/guia-intervencion-telepsicologica-2022-pdf-68ff724b66b10.pdf
  • González-Peña, P., Torres, R., del Barrio, V., & Olmedo, M. (2017). Uso de las nuevas tecnologías por parte de los psicólogos españoles y sus necesidades. Clínica y Salud, 28(2), 81–91. Disponible en: https://journals.copmadrid.org/clysa/archivos/cl2017v28n2a6.pdf
  • Leuchtenberg, S., Gromer, D., & Käthner, I. (2023). Videoconferencing versus face-to-face psychotherapy: Insights from patients and psychotherapists about comparability of therapeutic alliance, empathy and treatment characteristics. Counselling and Psychotherapy Research, 23(2), 389–403. Disponible en: https://doi.org/10.1002/capr.12538
  • Matsumoto, K., Hamatani, S., & Shimizu, E. (2021). Effectiveness of videoconference-delivered cognitive behavioral therapy for adults with psychiatric disorders: Systematic and meta-analytic review. Journal of Medical Internet Research, 23(12), e31293. Disponible en: https://www.jmir.org/2021/12/e31293
  • Meyer-Keirath, C., Wallis, H., Kaus, M., Schenk, M., Holzhaus, J., Rometsch, C., Buntrock, C., Apfelbacher, C., & Junne, F. (2026). Comparing video-based and face-to-face psychotherapy: Systematic review and multilevel meta-analysis across mental disorders. Journal of Medical Internet Research, 28, e89177. Disponible en: https://doi.org/10.2196/89177
  • Saxler, E., Schindler, T., Philipsen, A., Schulze, M., & Lux, S. (2024). Therapeutic alliance in individual adult psychotherapy: A systematic review of conceptualizations and measures for face-to-face- and online-psychotherapy. Frontiers in Psychology, 15, 1293851. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1293851
  • Stefana, A., Fazia, T., & Nova, A. (2026). The therapeutic relationship in in-person, video call, and telephone psychotherapy sessions. British Journal of Clinical Psychology. Advance online publication. Disponible en: https://bpspsychub.onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/bjc.70050
  • Thomas, N., McDonald, C., de Boer, K., Brand, R. M., Nedeljkovic, M., & Seabrook, L. (2021). Review of the current empirical literature on using videoconferencing to deliver individual psychotherapies to adults with mental health problems. Psychology and Psychotherapy: Theory, Research and Practice, 94(3), 854–883. Disponible en: https://bpspsychub.onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/papt.12332
  • Velarde Borjas, M., & Ovalles Gomez, M. (2024). Consideraciones teóricas y técnicas sobre la entrevista clínica en telepsicología. Revista de Psicología Universidad de Antioquia, 15(2). Disponible en: https://revistas.udea.edu.co/index.php/psicologia/article/view/354538/20815749

Cristina Pradas 

Psicóloga integrativa y sistémica con formación especializada en trauma, apego y EMDR.

Máster en Psicología General Sanitaria (TECH Universidad)

Post: Mandalas Arteterapis