Cuando tu mente nunca descansa: vivir en estado de alerta permanente
¿Te despiertas ya preocupado/a por todo lo que podría salir mal en el día? ¿Tu mente salta de una inquietud a otra sin pausa, anticipando desastres que probablemente nunca ocurrirán? ¿Sientes que tu cuerpo está siempre tenso, como si esperara una amenaza irreal?
No estás exagerando. No eres débil. Y no, no es «solo estrés».
Como psicóloga en Barcelona, acompaño a diario a personas que viven atrapadas en una preocupación constante que les roba la paz, el sueño y la capacidad de disfrutar del presente. Si esto te resuena, es posible que estés experimentando ansiedad generalizada.
La buena noticia es que tiene tratamiento y el primer paso es entender qué te está pasando.
¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)?
La ansiedad es una respuesta natural de tu cuerpo ante situaciones que percibe como peligrosas. Tu sistema nervioso autónomo, especialmente su rama simpática, se pone en alerta, preparándote para actuar, ya sea «luchar» o «huir». El problema surge cuando ese sistema se queda «encendido» de forma permanente, incluso cuando no hay amenazas reales.
Ansiedad normal vs. ansiedad generalizada
La ansiedad normal:
- Aparece ante situaciones específicas (un examen, una presentación, una reunión).
- Es proporcional al desafío real.
- Desaparece cuando la situación se resuelve.
- No interfiere con tu vida diaria.
El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG):
- Está presente casi todos los días durante al menos 6 meses.
- Se centra en múltiples áreas (trabajo, salud, familia, etc.).
- Es difícil de controlar incluso cuando sabes que es excesiva.
- Afecta significativamente tu calidad de vida y bienestar emocional.
No se trata de «preocuparse demasiado». Se trata de que tu cerebro ha activado un patrón de hipervigilancia que no puede desconectarse solo.
Lo que tu cuerpo y tu mente te están pidiendo que escuches
La ansiedad generalizada no es solo mental, sino que también se manifiesta en el cuerpo y en las emociones. Identificar sus síntomas te ayuda a entender y validar tu experiencia.
Señales físicas que pueden agotarte:
- Tensión muscular constante: Especialmente en cuello, hombros y mandíbula.
- Fatiga crónica: Te sientes agotado/a incluso después de dormir.
- Problemas de sueño: Dificultad para conciliar el sueño o despertares frecuentes.
- Palpitaciones o taquicardia: Tu corazón se acelera sin motivo aparente.
- Molestias digestivas: Dolor de estómago, náuseas o cambios intestinales.
- Dolores de cabeza recurrentes: Cefaleas tensionales que no remiten.
- Sudoración o temblores: Incluso en situaciones cotidianas.
Manifestaciones cognitivas de la ansiedad
- Preocupación constante e incontrolable: Tu mente salta de un «¿y si…?» a otro.
- Gestión de pensamientos catastróficos deficiente: Anticipas siempre el peor escenario posible.
- Dificultad para concentrarte: Tu mente está tan ocupada preocupándose que no puede enfocarse en una cosa.
- Irritabilidad: Estás al límite, cualquier cosa te sobrepasa.
- Sensación de peligro inminente: Como si algo terrible estuviera a punto de pasar.
- Rumiación mental: Das vueltas a las mismas preocupaciones sin encontrar solución.
Si te has identificado con varios de estos síntomas, no hay nada “malo” en ti. Tu sistema nervioso autónomo está desregulado y eso tiene solución.
Por qué decir “cálmate” no ayuda (y qué sí puede ayudarte)
Si alguien te ha dicho «no pienses en eso» o «relájate», probablemente hayas sentido frustración. Porque si fuera tan fácil, ya lo habrías hecho.
La ansiedad generalizada no se controla con fuerza de voluntad. No es un defecto ni una debilidad personal, sino una respuesta aprendida de tu sistema nervioso que puede transformarse con el acompañamiento adecuado.
Cuerpo y mente: una mirada integrativa
En la terapia para la ansiedad no basta con trabajar los pensamientos. También es necesario ayudar a tu cuerpo a sentir que está a salvo, que puede bajar la guardia y salir poco a poco del estado de alerta.
A través de un enfoque integrativo se trabaja:
- La comprensión de tus patrones mentales: Identificamos los disparadores y las creencias que alimentan la ansiedad.
- La regulación del sistema nervioso autónomo: Aprendemos técnicas somáticas para devolver la calma a tu cuerpo.
- La conexión con tus emociones: No se trata de eliminar la ansiedad, sino de entender qué te está queriendo decir.
- La construcción de recursos internos: Desarrollas herramientas que puedes usar cuando la ansiedad aparezca.
No se trata de controlar la ansiedad a la fuerza. Se trata de transformar tu relación con ella.
3 herramientas prácticas para empezar a cuidarte hoy
Mientras decides dar el paso de iniciar la terapia, puedes probar estas acciones simples que te pueden ayudar a recuperar la calma y confianza.
Respiración diafragmática para calmar tu sistema nervioso
Cuando estás ansioso/a, tu respiración suele volverse rápida y superficial. Practicar la respiración diafragmática, llevando el aire hacia el abdomen, envía señales de seguridad a tu cerebro y ayuda a que tu cuerpo baje poco a poco el estado de alerta.
Cómo hacerlo:
- Coloca una mano en tu pecho y otra en tu abdomen.
- Inhala por la nariz contando hasta 4, sintiendo cómo se expande tu abdomen (no tu pecho).
- Mantén el aire durante 7 segundos.
- Exhala por la boca contando hasta 8, vaciando completamente tu abdomen.
- Repítelo durante 3-5 minutos.
Practica este ejercicio dos veces al día, incluso cuando no sientas ansiedad. Así entrenarás a tu cuerpo a recordar este estado de calma.
Cuestiona el pensamiento catastrófico
El primer paso para manejar pensamientos catastróficos es identificarlos. Cuando tu mente se adelante a lo peor, detente y pregúntate:
- ¿Qué evidencia real tengo de que esto vaya a pasar?
- ¿Cuántas veces me he preocupado por esto y no ha ocurrido?
- ¿Qué haría si realmente pasara? (Descubrirás que tienes recursos).
- ¿Qué le diría a un amigo que pensara esto?
No se trata de decirte que “no pasa nada”. Se trata de mirar tus pensamientos con curiosidad y no tomarlos como verdad absoluta.
Limita los «tiempos de preocupación»
Parece contradictorio, pero funciona. En lugar de intentar no preocuparte (que genera más ansiedad), asigna 15 minutos al día para preocuparte conscientemente o escribir lo que te preocupa.
Cuando aparezca una preocupación fuera del tiempo asignado, anótala y dite: «Me ocuparé de esto en mi momento de preocupación». Muchas desaparecerán por sí solas y cuando llegue el momento asignado, puedes abordarlas con más claridad.
No tienes que seguir viviendo así
Si has llegado hasta aquí, probablemente una parte de ti ya sabe que mereces vivir con más calma. La ansiedad generalizada puede hacerte sentir atrapada, como si nunca pudieras bajar la guardia, pero no tiene por qué ser así.
Buscar ayuda no es un lujo ni una señal de debilidad. Iniciar terapia para la ansiedad es un acto de valentía y cuidado personal. Es elegir dejar de sobrevivir día a día para empezar a vivir con más presencia y bienestar.
Como psicóloga en Barcelona, he acompañado a muchas personas que vivían en un estado de alerta constante. Y sé que el cambio es posible. Tu mente puede volver a sentir que está en un lugar seguro, tu cuerpo puede aprender a relajarse y la ansiedad puede dejar de dirigir tu vida.
¿Lista/o para recuperar tu tranquilidad?
Si quieres empezar a dar pasos concretos hacia tu bienestar emocional, puedes contactarme para una primera sesión. Juntos/as encontraremos la manera de que tu ansiedad deje de gobernar tu vida y empieces a sentir más calma y seguridad.
Ofrezco sesiones de terapia psicológica en mi consulta en Barcelona y también de forma online, para que puedas iniciar tu proceso estés donde estés.

